A veces, en la vida, nos encontramos con historias que no tienen respuestas y entre más buscamos, no empapamos más en un mar de dudas de las que nunca podremos tener respuestas.

El hallazgo de este documento solo nos dejó más dudas.

Entre ellas, si es que vino con esa orden religiosa de la que habló mi tía.
Investigando, pude conocer un poco más de aquel pueblito que mi madre dijo haber sido siempre mencionado por ella, la mujer misteriosa.

Es un pueblo muy pequeño, una comunidad.
Es realmente religiosa, pero también unida. Todos los que hablan de ella dicen que es cálido y familiar, los tangarareños son amables y hospitalarios, probablemente eso encantó a mi bisabuela de ellos, una mujer que ahora estaba sola y sin familia, un alma perdida en un lugar de extraños. Entiendo la sensación y la comparto. Por eso halló en ellos un lugar donde refugiarse y personas a las que llamar familiar. La sensación de ser bienvenida es inigualable.

Tangarará proviene de Tangar Arac, el líder cacique perteneciente a uno de los trece de la resistencia a la conquista españoles, así que, además, los tangarareños son valientes. Quizá por eso quiso tener una pizca de ellos y poder llamarse suya, aunque fuera una mentira.
Sin duda, es un pueblo cálido y bello.
Y, sin duda, ella tenia un afecto especial e inmenso que nadie comprendería.
Así que esto es lo que sé. Si ella no se hubiese arriesgado a vivir una aventura y a encontrar caminos nuevos, y probablemente mejores, yo no estaría aquí, ni ninguno de nosotros. Y otro punto importante es mi tía abuela, con al cual tengo el mismo cumpleaños y por eso quisiera pensar que soy igual de importante que ella, quien vino a Callao para casarse, lo cual produjo una migración en masa.
Si no hubiese venido y provocado su migración, mi abuela no habría conocido a mi abuelo ni se hubiesen producido toda esa cadena de eventos.
Sin embargo, entre tanta búsqueda y misterio, me distraje de lo importante y este mensaje me lo recordó.
Fuera de ser esta figura cubierta de niebla, era una persona. Un ser humano como tú y yo, con miedo, sueños y esperanzas, alguien que reía y también lloraba, que tomó malas decisiones, pero se enfrentó a otras. Principalmente era un ser humano, con errores y aciertos. Si bien no sabemos cuando nació realmente, ni tampoco su nombre, si bien no sabemos nada sobre su identidad legal, sabemos lo que hizo y lo que causó en nosotros.
Cuentan que era una mujer fuerte y aguerrida, que luchó y no se dejó vencer por las adversidades, que sabía enfrentarse a las situaciones y no necesitaba a nadie que la defendiera. También dicen que en su risa se podía escuchar toda la ternura y la alegría del mundo y ver el amor en sus ojos.
¿Qué si se enojaba? Como cualquier persona, no demasiado, pero era alguien con quien podías pasar un buen rato y era tan fácil de querer. Era inolvidable. A pesar de que haya intentado borrar su rastro de todo archivo.
Para concluir, nos remontamos esencialmente a este lugar.
Una, no tan pequeña, iglesia de Gonzanamá, Loja, Ecuador, donde todos y cada uno de sus hermanos fue bautizado. Y siendo ese pequeño cantón el que la vio nacer.
La historia probablemente comenzó así: sufría de violencia doméstica, escapó, en el camino de llegar a Sullana tuvo roces con Tangarará, al que nunca olvidaría, luego se estableció en el centro de la ciudad, conoció a mi bisabuelo y el resto es historia. Creo que eso la hizo más fuerte y aprendió de ello, por eso, más adelante, pudo defenderse ella sola.
Sinceramente, no sabemos como inició todo eso, pero sí, como terminó.